Es una ciudad situada al sur de la provincia de Córdoba, puerta natural de entrada al parque de la Subbética y Centro Geográfico de Andalucía. A 72 Km. de la capital, y a una altitud de 448 metros sobre el nivel del mar, abarca dentro de sus 227.5 km2 a ocho caseríos, entre los que destaca Gaena, La Benita, o las Huertas Bajas, importante foco económico de la ciudad.

El nombre de Cabra ha variado a lo largo del tiempo. En un principio se llamó Igabrum, lo que nos puede indicar su remoto origen prerromano. Ya en la época romana recibió el nombre de Egabrum. Cuando la ciudad fue conquistada por los árabes pasó a llamarse Qabra.
Actualmente su nombre procede de la transcripción de este último vocablo a la lengua romance.

Cabra fue habitada desde la prehistoria. Los testimonios más antiguos datan del Paleolítico Superior.
Conocida durante la época prerromana como la ciudad del agua, comienza a ser importante cuando obtiene la ciudadanía romana en la época flavia.

Fue sede episcopal con los visigodos y Cora en la etapa árabe, lo que contribuyó a darle esplendor a la ciudad.

Tras ser conquistada por Fernando III "El Santo" pasó a ser de la Orden de Calatrava, hasta que le fue entregada a Don Diego Fernández de Córdoba, I Conde de Cabra. Cuando fue conquistada Granada, Cabra, ciudad fronteriza, se estabilizó, iniciando su expansión urbana y demográfica que la ha llevado hasta nuestros días.

El calendario festivo egabrense es amplio y variado y como en la mayoría de los pueblos y ciudades de Andalucía, gira en torno a celebraciones religiosas. Algunas con más de quinientos años, como la Semana Santa, otras más recientes pero con amplio calado popular, las fiestas, verbenas y romerías que se celebran en Cabra durante todo el año son el exponente del sentir de sus gentes; alegres, abiertas y hospitalarias.

Cabra es la entrada natural de las Sierras Subbéticas. Esta posición privilegiada permite el desarrollo de una serie de rutas que se pueden realizar a pie, en bicicleta o caballo, que partiendo de nuestra ciudad acceden hasta los rincones más recónditos del Parque Natural de las Sierras Subbéticas.

Los platos típicos egabrenses están en función de la tierra y el agua de cuyo sagrado conjunto suele surgir su privilegio gastronómico. La huerta y la sierra se unen para darnos su riqueza culinaria. De la primera su fresca verdura, con suculentos potajes, y de la segunda sus sabrosas carnes, con magníficos adobos.

La riqueza gastronómica de esta tierra está determinada por diferentes factores que, generación tras generación, han ido configurando los hábitos alimentarios. La abundancia de agua hizo posible la fértil vega de las huertas de Cabra, tan rica en frutas y hortalizas. El cultivo de la vid y el olivo, que produce caldos con denominación de origen y aceite de oliva, básico en la dieta mediterránea.